Me Acogiste y Me Diste de Comer – Pastoral del Migrante Refugiado

Como ya sabemos de las causas de la migración es la falta de oportunidades y posibilidades para obtener una vida digna. Otras son la violencia y las amenazas a su integridad, por estas razones, las personas se ven obligadas a abandonar sus países como refugiados. Para ellos salir de su país no es sólo buscar otras oportunidades sino escapar de la violencia y amenazas contra su integridad.

 

Una de las prioridades de las combonianas en América es el promover la cultura del encuentro con el pueblo migrante, acompañarlos y capacitarlos. Al mismo tiempo se forman a voluntarios locales para que apoyen el ministerio de las hermanas así nos dice James Haug “nuestro ministerio con los trabajadores migrantes se ha nutrido de la espiritualidad misioneras de las hermanas combonianas, al terminar nuestras reuniones siempre recitamos la oración que ellas nos encomendó”. La espiritualidad del discípulo misionero al estilo comboniano es como un rocío que inspira nuestro ministerio con los campesinos latinos en U.S.A. Añade Wayne Parent “siempre voy a las actividades organizadas por las combonianas porque siempre salgo con un deseo ardiente de hacer mi ministerio”.

 

Las combonianas para realizar este ministerio con migrantes y refugiados cuentan con comunidades en lugares estratégicos tanto em México como USA. Un migrante salvadoreño comparte su experiencia en el albergue de Tapachula, Mexico: “Cuando llegué a este lugar, llegué destruido en todos los sentidos, a nivel de ánimo, de salud… Mis pies estaban destruidos, estaba enfermo, cansado y ahora…. después de un mes de estar aquí, me siento “reconstruido” …. Estoy contento, he encontrado a tantos hermanos y hermanas, a tantas personas que me han ayudado. No tengo a mi familia en este momento, pero me siento tan feliz de haber encontrado una nueva familia en el camino”.

 

Con tu ayuda las hermanas podrán continuar su ministerio misionero entre “los migrantes, los más débiles y necesitados hoy en el mundo” (Papa Francisco, 01/01/2018, Jornada Mundial de oración por la paz). Gracias por su colaboración.

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